Hoy es viernes, uno más esperando a ver qué pasa. Esperando a que pase lo que yo quiero que pase, aunque sé que no pasará nada. Una llamada, o el ansia loca de vernos. Pero no pasa nada. Yo no sé si esto lo hago para forjar músculo o resistencia, o por necedad. O para desengañarme o para desencantarme. No aprendo la lección. Creo que no pasa nada porque no tengo la certeza de saber qué quiero. Sólo vagas ideas. O tal vez lo haga por hartarme. Que el hastío me haga tomar esa decisión de la cual tengo miedo. Esa sensación de dejo. Y de tristeza, y de vacío. En casa me esperan miles de cosas por hacer. En mi vida me esperan miles de cosas que concluír y miles de cosas por hacer. Que la negligencia y el miedo no me paralicen más. Que no me prive más de mi vida y de la mejor versión de mí que puedo llegar a ser.
Que sea hoy el último viernes pusilánime de mi vida. Que sea el último viernes negligente. Que sea el último viernes que te pones en último lugar, que te quedas esperando a que los demás decidan por tí, que dejas pasar las horas. Que sea el último viernes que vives como fantasma.
Has dicho.
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