miércoles, septiembre 14, 2011

Sueño de otra noche de verano

Camino a la escuela, escoltada por mis padres. Me daba pena que a mi edad me llevaran hasta la puerta del salón mis papás, pero finalmente me resignaba. Caminar por un pasillo hacia arriba. Subir las escaleras con ellos. Llego al salón, entro, a media luz, como si estuvieran proyectando una película en la pantalla. Lleno total. Paso por entre los pupitres, llevaba yo una gabardina azul, creo que iba vestida de negro. Paso por el frente y siento los ojos de los compañeros encima. Recorro los lugares como si fuera un laberinto y finalmente decido sentarme hasta atrás. Como en un futón. Como el futón de la casa. Rojo. Me siento, con un poco de temor, pues la clase ya había empezado y yo había interrumpido. La maestra es Lala, la señora dueña del changarro a donde suelo ir a comer entre semana. Está un poco molesta, como enojada. Gruñona. Eso pensé cuando en la realidad (quién sabe cuál realidad) la conocí. La sentí mal encarada la primera vez que la ví. Más o menos la misma sensación me ha dado en el sueño. Ella está dando la clase y saco mi cuaderno para hacer los ejercicios. Lala se acerca al lugar de una persona que estaba sentada casi frente a mí. En el futón estábamos sentados Sofía, o creo que era ella. Alguna ropa y ganchos. Yo en medio y Y a mi lado izqierdo. Aparece una niña pequeña como de unos 4 años. Juego con ella y la abrazo. Al parecer es la hija de alguien más. Pareciera como que de Sofía, pero igual pensaba o afirmaba que era la hija de una amiga de Y. Siento un poco de nerviosismo de que Lala me va a sacar del salón por estar platicando. Hago como que agarro el cuaderno, pero en realidad seguía platicando. Y luego hago conciencia de que a mi lado está él. Y. Me emociono, lo volteo a ver, nos acercamos un poco, siento el deseo correr por la sangre. El deseo de la sangre. Lo miro y reconozco esa sensación de electricidad que recorre todo el cuerpo. Hasta aprieto los dientes para contener ese deseo, me marea felizmente el deseo, pero digo o pienso en voz alta: me gustas, me gustas mucho. Y nos agarramos de la mano. Lo agarro fuerte y llevo mi mano izquierda y su mano atrás de mi. Como si la estuviese escondiendo. Agarrados muy fuerte. Pero...del otro lado, de mi lado derecho yo abrazaba y olía la cabecita de la niña. Tenía las dos manos ocupadas y ya no ponía atención en la clase. De pronto, noto que Lala se enoja, no sé por qué motivo, pero justo en la mesa de enfrente, saca una engrapadora. Creo que se molestaba por la presencia de un perrito en clase y yo misma me sorprendía de ver a un perrito tierno en clase. Lala, en su molestia, pretendía engraparle la patita al perro. Entonces reacciono, para salvar al perro. Lo salvo y ahí acaba el sueño. Me desperté feliz, muy feliz, de que esa historia vive, de que ese deseo vive y se sacia, aunque haya sido el sueño de quién sabe qué realidad.

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