Así se llama uno de esos cuentos de Marías que tanto me gustan... y me gusta todavía más cuando paso un domingo así, un domingo de carne.
Sorprendentemente desperté como a las 9 de la mañana, y bien, muy bien: no cabe duda que el buen comer y el buen beber no causan cruda: la noche anterior fuimos al cine, luego fuimos por un trago... amargo... que duró dos shots de tequila y unos pulpos a la gallega. decidimos cambiar de rumbo. En el segundo lugar ya nos dispusimos a cenar en forma, otro tequila para abrir apetito, almejas en salsa verde de perejil, risotto de setas, atún sellado, una especie de tarta de mango, vino y sambuca negro...no sé si pedí un expresso doble, la neta ya no me acuerdo...
y tampoco me acuerdo cómo llegamos del pedregal a coyoacán...no importa, tarde pero llegamos, y el cumpleañero ya andaba en otros mundos...igual que nosotros. yo nomás quería estar en un lugar tranquilo, seguir chupando tranquilo entre cuates y escuchar música, buena música y cantar...... y bailar... dancing barefoot...
Así, hasta que fuí a dormir... desperté como a las 9 decía, hacía calor, me lavé la cara y me quedé tarareando esa canción de Armstrong que ya no pude sacar todo el día de mi cabeza: a kiss to build a dream on.
Tomé el libro de la mesita de noche que estaba al lado mío: Breakfast at Tiffany's. Leí un poco, sólo leí esa parte en donde dice que los diamantes son para las mujeres mayores, me fascina.
Regresé a la tarareada (nunca me dí cuenta de que estuve cantando, hasta que él me dijo)... me arrullé un poco y me quedé dormida como hasta las 2 de la tarde. Cuando desperté, él ya no estaba ahí junto a mí escuchándome cantar.
Encontré la nota que daba los buenos días de una genial forma: "niña guapa, salí por el desayuno, mientras toma un baño, hay toallas limpias en mi closet".
Así que hice lo propio, la música ya estaba puesta, yo nadamás tenía que cantar...me metí a bañar y seguía cantando. Pensé que estaban tocando la puerta, pero ps no.... las ardillas me jugaron chueco, y justo cuando abría la puerta, Art venía llegando con el desayuno. Me regresé a la regadera, me terminé de bañar, salí y ya todo estaba listo. Era cuestión de seguir felizmente en domingo. Desayuno delicioso, café estupendo y una buena peli hicieron el domingo redondo.
Como que de repente yo también me sentí culpable, este tipo de domingos tan dichosos lo sacan a uno de contexto.
Naaaaa, sin culpas, si ya estás aquí, ya déjate consentir. Te lo mereces.

1 comentario:
Pues que bueno que no los seguí insecto, hubiese sido un pésimo tercio... Yo tuve un domingo como el tuyo, pero un lunes reciente, simplemente me fui de pinta, lo cual lo hace todo mucho mucho mejor,
un abrazote
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